Quizás por aquello de que a los cuarenta se presentan muchas crisis parece que a la constitución española también le empiezan a aquejar los achaques de la edad. Desde hace casi 40 años se celebra la aprobación por la ciudadanía española de la ley de leyes de nuestro país, “la Constitución” cada 6 de diciembre. Si, casi cuarenta años, tantos como duró esa dictadura fascista que postergó a España.

Desde aquel diciembre de 1978 somos muchos los que hemos tenido la suerte de conocer desde nuestra juventud e infancia, una España en libertad. Una sociedad democrática que ha crecido y madurado al mismo tiempo que cada uno de nosotros, y quizás porque el tiempo pasa tan deprisa no somos suficientemente conscientes de que nada menos que el 60% de los actuales electores no pudieron votar esta Constitución.

Parece legítimo por tanto que la actual sociedad y la juventud de hoy nos cuestionemos si la Constitución del 78 es la que mejor da respuesta a las realidades actuales, o si por contra fue un buen instrumento para la transición, pero que llegados al 2018, puede estar necesitada de alguna revisión para responder mejor a las nuevas expectativas y realidades de nuestra sociedad y también porque a esta Constitución con los años es evidente que “le están saliendo goteras”.

Es difícil compartir celebraciones con quienes recortan derechos

En cuanto a las celebraciones, a mi personalmente me cuesta participar en estos fastos cuando percibo como sistemáticamente se incumplen derechos tan elementales como el de la vivienda, el empleo, la igualdad, o veo como desde la derecha atacan sin pudor pilares del Estado Social y de Derecho consagrados en el texto constitucional como la educación, la sanidad o las pensiones. Es difícil para mi compartir celebraciones con quienes, en aplicación de la Ley Mordaza, imponen multas a compañeros y amigos míos por manifestarse precisamente en defensa de esos derechos que la constitución consagra.

En una sociedad encharcada por la corrupción, en la que la ciudadanía se sienten cada vez más desigual ante la ley y la justicia, en la que las más altas instituciones hacen aguas y son cada vez menos valoradas por la sociedad, tienen que plantearse profundas reflexiones.

No somos pocos quienes creemos que es necesario un debate sosegado pero con calado y ancla en los sentimientos de la sociedad, para mirar a un nuevo futuro más esperanzador en nuestro país.

No dejemos el debate en manos de los que fomentan la pérdida de derechos

Pero ese debate no puede dejarse en manos de aquellos que nos llevan por el camino de la involución democrática y la pérdida de derechos. Se requiere favorecer la definición de otras correlaciones de fuerzas, si no veremos nuevas reformas regresivas como lo fue la  promovida de urgencia en el 2011 por el PSOE y PP con el único apoyo de UPN, con la  que nos impusieron las reglas de estabilidad presupuestaria que hoy se traduce en Ayuntamientos secuestradas por Montoro incapaces de atender por ejemplo el desarrollo de más políticas sociales.

Algunos apostamos por una reforma para profundizar en los derechos democráticos, que empodere a la sociedad, que permita garantizar el estado social y de derecho. Apostamos por un estado en el que se cumplen los derechos que la Constitución reconoce.

Una reforma que tiene que revisar si el actual modelo territorial es suficiente o debemos, sin miedos, afrontar otros caminos. En esto mi apuesta es un federalismo integrador pero respetuoso con la realidades plurinacionales.

Y porque es hora también de volver a debatir sobre la institución monárquica. En una sociedad moderna la monarquía es a mi juicio incompatible con la idea de que la soberanía reside en el pueblo. Además hoy es una figura decadente, tocada gravemente en su imagen por los escándalos. Si en otro tiempo el ciudadano Juan Carlos representaba un personaje que favoreció la llegada de la democracia a nuestro país, hoy el actual monarca sólo puede exponer en su favor su linaje. Su falta de sensibilidad social y el amparo de las políticas del PP en especial ante los hechos represivos de Cataluña le sitúan como referente solo para una parte muy pequeña de este país.

 

Javier Mateo y Álvarez de Toledo

Coordinador Local de Izquierda Unida, portavoz de Ganemos Toledo y Concejal responsable del Área de Bienestar Social

 

 

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