Hace 4 años entendimos el mensaje que nos llegaba de asociaciones, colectivos y ciudadanía: sólo con los partidos políticos no avanzamos, debemos abrirnos a compartir las decisiones con más gente.

Y nació Ganemos Toledo. No debió ser mala idea; unos meses después el apoyo a la izquierda en Toledo obtuvo un resultado histórico, se multiplicó por dos tanto el número de votos como de concejales y pudimos sentarnos de igual a igual con otras fuerzas para poner en marcha un gobierno municipal de cambio, de progreso y que pusiera a la gente y sus problemas en el centro del trabajo político municipal. Y todo ello, nos ha permitido hacer políticas útiles para la gente y demostrar que somos capaces de hacer las cosas de otra manera.

Tocaba ahora reorganizarse de cara a la cita electoral. El camino estaba abierto y sumamos además cuatro años de experiencia en gestión municipal y en entendernos con todos. Esto nos colocaba en una posición excelente a la hora de seguir sumando, de encontrar alianzas, de legitimar esta forma de hacer política y de incrementar el apoyo ciudadano.

Sin embargo, dos partidos, Podemos e Izquierda Unida, actores claves en este proceso, deciden dar un paso atrás y deshacer lo andado organizando una coalición electoral que excluye la posibilidad de que el resto se pueda sumar, aportar y caminar juntas. El acuerdo entre ambas formaciones es necesario, bueno y oportuno; pero no es suficiente.

Nadie les niega la legitimidad para llegar a un acuerdo, pero resulta difícil entender esta extraña estrategia de convertir un buen principio, la coalición, en el mal final que supone dejar fuera al resto y volver a la oscuridad de los despachos para confeccionar listas y decidir sin contar con nadie.

Algunos creímos entonces y seguimos creyendo ahora, que la forma de elegir, de legitimar un proyecto, solo puede ser inclusiva, participada y horizontal y no impuesta y negociada, y que la única forma de movilizar a la gente y comprometerla es darle un papel activo en la construcción del proyecto al que queremos que se sumen. Y es que esto, nunca ha ido de quién iba en las listas, si no de la forma y el método que nos dábamos para hacerlas, para legitimarlas.

La forma que les propusimos a ambas organizaciones (y empezamos a hacerlo en noviembre de 2018) fue la de activar un proceso de primarias conjuntas (IU, Podemos y Ganemos) y abiertas a la ciudadanía que quiera participar con el fin de confeccionar las listas e incentivar la puesta en marcha de grupos de trabajo para el programa electoral.

La respuesta podía haber sido otra idea o incluso un “no” argumentado, pero el resultado ha sido decepcionante: silencio absoluto durante 20 días y sólo cuando la presión se hizo más agobiante y en el último minuto, una apresurada llamada de teléfono desechando sin razones la idea de las primarias y ofreciendo unos puestos en la lista que reflejaban de nuevo la falta de aprecio a todo lo que no fuera un partido político.

La idea, supongo, era alargar el silencio con el fin de que nos quedemos sin tiempo material de reacción y tengamos que asumir lo que nos pongan encima de la mesa.

Pues lo siento. Yo, así, no.

Despreciar, ningunear y no aprovechar el trabajo de Ganemos Toledo, supone creer que solo por tener unas siglas consolidadas se está por encima de quien, sin sigla alguna, quiere sumar, aportar y trabajar.

Jamás hubiera entendido ni admitido que se pusiera en marcha una alternativa electoral en Toledo en la que se dejara fuera a Izquierda Unida, pero con los mismos argumentos y la misma fuerza, creo que es fácil entender que no debo admitir que se excluya al movimiento que supuso Ganemos Toledo.

Diluir la autonomía de los colectivos locales, de quienes hemos estado a pie de calle,  en un acuerdo regional no tiene sentido salvo que lo que se busque sea mantener las viejas estructuras de partido a cualquier precio, incluso, si ello supone dejar a gente por el camino.

Por eso, he decidido renunciar a encabezar y participar en la candidatura de Unidas- Podemos- Izquierda Unida, y lo hago porque no me veo capaz de liderar un proyecto que no suma, que deja fuera a Ganemos Toledo y cuyas listas se han decidido en un despacho en el que se han barajado unos nombres, se han excluido otros y ni siquiera se ha hablado de programa electoral.

Nadie podrá decir que es una maniobra para reforzar mi posición, yo  ya tenía asegurado un puesto, el primero, pero así no. Es una cuestión de coherencia personal y de respeto a unos principios a los que me niego a renunciar.

He insistido estos años en la importancia de sumar, de aportar unidad, de que exista una única candidatura a la izquierda y de que vayamos todas juntas, y los que me conocen saben que me he dejado la piel por conseguirlo.

En coherencia con ese principio y para evitar interpretaciones torticeras, quiero dejar claro también que tampoco encabezaré ni participaré en alternativa electoral alguna ni partido político que conlleve la división del voto y el enfrentamiento entre compañeras y compañeros. No es mi estilo, y nunca fue mi intención.

Renuncio por coherencia, por respeto y porque no comparto el modelo de coalición excluyente teniendo al alcance de la mano la posibilidad de una confluencia real en la que quepamos todas.

Con el ánimo también de no entorpecer el trabajo de cara a las próximas citas electorales, he decidido también solicitar la baja de Izquierda Unida tras 23 años como afiliado.

A las que tomen el relevo les deseo que consigan mejorar nuestro último resultado y que sean capaces de afrontar con valentía un gobierno del cambio para la ciudad de Toledo.

Pido públicamente disculpas a aquellos que se sientan defraudados por mis decisiones o por mis errores, y agradezco desde lo más hondo, a aquellas que han estado a mi lado en los momentos más duros y complicados y me han enseñado qué es la lealtad, el compañerismo y el compromiso, ellas saben quiénes son.

Dicho todo esto, no nos hagamos líos: el día 26 de mayo que nadie se quede en casa, todos a votar. Yo pienso hacerlo.

 

Salud y República

Javi Mateo